Aquellas Navidades
Ahora, con casi de todo, añoramos y buscamos aquellas navidades de niños. Esas maravillosas historias convertidas en preciosos recuerdos. Deseamos revivir aquellas emociones, sensaciones y esas huellas que dejaron en nosotros. Y compramos lo que creemos que es la satisfacción en productos variopintos. Aquellos juguetes, esas comidas, antiguas melodías, esos olores… objetos singulares con precios más que asequibles del espantoso comercio digital.
Entonces y ahora, añoramos a los que ya no están, a los que realmente nos enseñaron a vivirla. Y seguro, que como ahora no pintaban las cosas nada bien.
A lo mejor también les faltaban esas personas con la que habían convivido tantos años, pero sacaban ganas y fuerzas para jugar y disfrazarnos en aquellos días. Incluso podía ser, que tuvieran que renunciar a sus propios sueños, para crear los nuestros. Nos daban aquello que tan siquiera, podían imaginar. Y claro que había discursiones entre ellos, sean amigos, primos o hermanos; pero las arreglaban. El que unos tuvieran y otros algo menos, no los paro para que supieran empatizar y compartir. Entonces sí que escaseaba de todo, eran muy limitadas las cosas. Sabían hasta donde tenían que llegar para que no se les fuera de las manos y poder disfrutar. Cuando albergaban motivos para festejar o lamentar también estaban unidos. Han pasado 4.543 miles de años desde que nació la tierra y 2025 desde que vino Jesús; y desde entonces celebramos el solsticio de invierno, buscando al sol. Por eso nos hemos juntado como especie, y celebramos toda clase de rituales para que la noche sea más corta. Cooperando unos con otros, protegiendo a los menos favorecidos, ayudando a los nuestros.
Hoy poseemos tanta electricidad para iluminar las ciudades, que le hemos perdido respeto al Astro Rey. Luz sobre luz fuera de nosotros para no ver lo apagado que tenemos el interior. Nos hemos saltado los escalones de la pirámide de Maslow, para engendrar nuevas y extrañas moralidades. Vamos tan deprisa en producir que no nos da tiempo de sentir un poco el frio de fuera. Tantas distracciones y necesidades fundadas para no poder deleitarnos con la realidad del presente. Esa es la pega, que nos creemos dioses individualistas y insignificantes demonios danzamos este planeta. Pensamos que pasa ser feliz es haber, … llegado, tenido, consabido, gozado, disfrutado, acumulado, reído….Comparte con los tuyos esas acciones, pero ahora; coincide teniendo las mismas herramientas para vivir lo bueno y lo malo con ellos y busca una medida de paz. En aquellas navidades teníamos otros valores, ya se que el mundo a cambiado por fuera, pero en el interior no.
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